El Septeto Santiaguero es una de las formaciones señeras
de Santiago de Cuba. Formado por jóvenes músicos, su historia
se remonta al año 1962 cuando Sabaz Nápoles y Gastón
Fabré fundan Melodías de Ayer, una heterodoxa formación
que, junto con la Estudiantina Invasora y el Cuarteto Patria, anima
durante décadas los días y las noches de la Casa de la
Trova y el Café Cantante de la calle Heredia.
Cuando, por ley de vida, se jubilaron la mayoría de los fundadores
de Melodías de Ayer, los que continuaron no siguieron con la
línea de la música tradicional. Decidieron cambiar el
nombre por el actual de Septeto Santiaguero. Pero ahí no terminó
la transición. Algunos de los jóvenes que habían
entrado salieron para constituir el Quinteto Luz. Fue en ese momento
cuando, procedente de Sones de Oriente, entró Fernando Dewar,
un tresero que asumió la dirección del grupo y le dio
la orientación que actualmente tiene.
Fernando, como tantos otros jóvenes santiagueros, había
empezado a tocar en la guitarra las canciones de moda, Bee Gees, Eagles,
etc. Al pasar a la universidad cambió de música e instrumento
y entró de contrabajista en un septeto. Para él el septeto
es la formación ideal para tocar son, por la combinación
que se logra entre el tres, la síncopa de la guitarra, la percusión
y la sonoridad de la trompeta. El septeto se adapta perfectamente a
varios géneros, consiguiendo todo el sabor que buscamos sin tener
que recurrir a demasiados músicos.
Cuando Fernando tomó las riendas del Septeto Santiaguero se aparcaron
los mambos, llamadas y respuestas en el montuno entre el cantante y
el público, y se adoptó la disciplina del septeto tradicional
-guitarra, tres, bongó, claves, maracas, contrabajo y trompeta-
sin más licencia que la tumbadora, a mayor gloria de Arsenio
Rodríguez. Era por tanto un septeto de ocho, pero conservó
el apelativo de septeto porque la música que hacía y cómo
la hacía era la propia del septeto.
Este proceso de renovación tuvo lugar entre el 93 y el 95. Eran
años muy duros para la música en Santiago de Cuba y en
todo el país. Las dificultades puestas en evidencia por el «periodo
especial» habían dejado bajo mínimos las estructuras
comerciales de la música. Aunque en La Habana el auge de las
grandes orquestas ha sido total a lo largo de los noventa, en Santiago
la mayoría de las orquestas se quedaron sin trabajo ya que no
había dinero para pagar a agrupaciones tan grandes. Los carnavales
dejaron de ser lo que eran y perdieron su poder de contratación.
La crisis trajo como consecuencia el que muchas orquestas se dividieran
y se canalizasen en dúos, tríos, cuartetos, quintetos
y septetos hacia el turismo, que asimila perfectamente estos grupos
de pequeño formato. Por otro lado, a la hora de salir al extranjero
es mucho más fácil que viaje un quinteto o un septeto
que una gran orquesta.
Para situarnos un poco, recordemos que en el 94 surge la Vieja Trova
Santiaguera. En febrero graba su primer disco en La Habana, y en el
verano, ante la incredulidad de propios y extraños, recibe el
primer espaldarazo en España, prólogo del éxito
rotundo que alcanzará en toda Europa en estíos inmediatos.
Paralelamente en Sevilla aterriza Compay Segundo, por obra y gracia
de la Diputación Provincial, animando los Encuentros de Flamenco
y Son. Estas dos pequeñas formaciones conseguirán que
en pocos años medio mundo esté redescubriendo el son santiaguero,
dejando a los habaneros con la miel en los labios. El reconocimiento
a la música tradicional de Santiago de Cuba ha supuesto una gran
motivación para que muchos jóvenes estén hoy interpretando
música tradicional. En realidad, de todos estos músicos
mayores los únicos que de verdad habían llegado a hacerse
populares en Cuba eran Los Compadres.
En el verano del 95, unos vascos, entusiasmados por las actuaciones
del Septeto Santiaguero en la Casa de la Trova, consiguen traer al grupo
a España. En Euskadi permanecen la mayor parte del tiempo, tocan
en el Festival Folk de Getxo y, en una escapadita a Madrid, se presentan
en Suristán. La voz de alerta la había dado Antonio Mora,
quien desde Radio Nervión apoyaba sus correrías norteñas.
El aval de Pancho Cobas, de la Vieja Trova Santiaguera, y el impresionante
directo que realizan allana el terreno ante Nubenegra.
En mayo del año siguiente, en unas dependencias de un garaje
-en la zona del Vedado, en La Habana- rústicamente acondicionadas
como estudio, se graba, bajo la batuta de Demetrio Muñíz,
el primer disco. El hecho de que se editara en España suponía
un estímulo añadido. En Cuba era prácticamente
imposible que el Septeto Santiaguero lo consiguiera. A lo sumo podía
aspirar a una grabación en directo en Egrem como la de Corasón,
Son de Santiago, que de aquella época, pero editada en el 97,
recoge canciones de siete grupos soneros de la capital oriental y pone
ya de relieve la calidad del Septeto Santiaguero, al que se le reserva
el honor de abrir el disco.
La nota más destacada de su primer CD, titulado sin más
Septeto Santiaguero, es la energía que irradia. Abundan sobre
todo los sones, pero también hay cabida para guarachas, boleros
y hasta un guaguancó-son. Canciones que quieren reflejar ese
directo impactante, en el que nadie se toma respiro entre baile y baile.
Hay tres sones de Miguel Matamoros, entre ellos una muy poco conocida
Bomba lacrimosa, dos guarachas de Ñico Saquito, una de las cuales,
Ya que estoy en mi Cubita, se convierte en la estrella del disco, un
guaguancó de Arsenio Rodríguez, un bolero de Antonio Núñez,
y el Sazonando de Luís Martinez Griñán, del que
hacen una versión implacable. Junto a temas y autores tan celebrados
encontramos dos sones y dos guarachas firmados por José Luís
Losada, un compositor santiaguero, que se los escribe a petición
del grupo, pues en el ánimo de todos está el deseo de
presentar cosas nuevas. Lo cierto es que estas cuatro canciones resisten
bien la vecindad de los clásicos.
La presentación del compacto, al que le hace la portada Ceesepe,
queda deslucida por la demora de los visados que impide que aprovechen
la tribuna brindada por el primer Bilbao Tropikal. De cualquier modo,
y aunque con retraso, salvan el verano, tocan su CD en numerosos puntos
de la geografía española, e incluso incursionan en Francia
y Suiza, y vuelan a las Azores.
En el alocado 98, lleno de fastos y aniversarios, el grupo trabajó
sobre todo en México, en Isla Mujeres; allí fue puliendo
el material para su segundo compacto. En él encontramos un par
de cambios en cuanto a la formación anterior: la salida de Alfredo
Fuentes, y con él la tumbadora en directo, y el relevo de Ramón
Rodríguez, sustituido por José Alberto Rodríguez
en la trompeta.
México ha sido un país que siempre ha recibido con los
brazos abiertos a los músicos cubanos. Como botón de muestra
no hay mas que recordar las giras triunfales de Beny Moré o Miguel
Matamoros. El Septeto Santiaguero, desde su base en Isla Mujeres, ha
conseguido hacerse un nombre en la península de Yucatán,
con conciertos en Mérida, Cancún, Cozumel y Chetumal en
los que ha exhibido la tradición santiaguera frente a tópicos
shows de mulatas y bailarinas cubanas. Problemas burocráticos
están convirtiendo su participación en el Festival del
Caribe en Cancún en una cita permanente.
La oportuna invitación a una fiesta nacionalista en Euskadi,
en pleno mes de marzo del 99, permitió que su segundo disco se
grabara en España. Al escuchar La pulidora, que así se
llama, lo primero que se identifica es un sonido mucho mejor, logrado
no sólo por los avances tecnológicos que aporta Axis en
comparación con el modesto estudio habanero, El Sótano,
sino por el buen ambiente que bajo la dirección de Alberto Gambino
reinó en cada una de las sesiones.
Los avances están a la vista. Hay elementos más que suficientes
para que el Septeto Santiaguero brille con luz propia en esa inmensa
galaxia que se ha convertido la música cubana en estos últimos
tiempos: las excelentes voces de sus cantantes, que siguen manteniendo
viva la tradición santiaguera de cantar a dúo, el trabajo
brillante del trompetista, con un sonido más dulce y una mayor
gama de registros, los solos de tres de Fernando Dewar, la potente sección
de ritmo y esos coros llenos de fuerza y alegría, con el añadido
en directo de las irresistibles coreografías diseñadas
por Rudens.
El verano del 99 se presentó complicado ya que, a pesar del reconocimiento
unánime de La pulidora y de su fenomenal directo, ninguna oficina
de representación artística quiso asumir el riesgo de
traer de gira a 7 jóvenes de Cuba, ante la avalancha de grupos
de la isla y el éxito casi exclusivo de los viejos intérpretes.
Nubenegra y el Septeto Santiaguero no se arredraron y decidieron asumir
el envite. El 7 de julio, en Madrid, en el Patio del Conde Duque, en
un concierto memorable, y compartiendo cartel con la formación
venezolana Huracán de Fuego, se presentó en directo La
pulidora.
Pero el grupo llegó a España con una sorpresa, la ausencia
de uno de sus pilares, el cantante Tony Rodón, que abandonó
al septeto en pos de una hipotética carrera en solitario como
vocalista en México. Fue un golpe muy duro solucionado de un
modo provisional con la incorporación de Lázaro Cárdenas,
cantante cubano residente en Bilbao, que se atrevió a cantar
en público habiendo ensayado sólo unas pocas horas antes.
Aquella fue una verdadera prueba de fuego. Y salieron airosos. Tan sólo
dos días después estaban animando el tren de la Semana
Negra rumbo a Gijón y listos para enfrentarse a tres conciertos
muy importantes en Alemania, nada menos que en el Jardín Botánico
de Francfort, en la Muffathalle de Munich y en la Pumpe de Kiel. El
público alemán se volvió loco con el Septeto Santiguero.
A la segunda canción ya estaban dentro del concierto, y de allí
no se movía nadie si no era para bailar.
Ya hemos mencionado que en el disco del debut, el Septeto Santiaguero
había presentado las composiciones de Luís Losada, en
La pulidora fueron las de Clemente Hechavarría, en el tercero
debían presentar las suyas propias. Así que en el 2000
a trabajar, a componer y a probar en directo las nuevas guarachas.
Animados por los buenos resultados de Alemania, todos, el septeto, Nubenegra,
Intuition y el Tourneebüro S. Maeker, se confabularon para conseguir
el verano que todos esperábamos. Y así fue, más
de 30 conciertos entre los que destacan los ofrecidos en la Expo 2000
de Hannover, el Weltmusik festival de Colonia compartiendo cartel con
Marta Sebestyen y Djivan Gasparyan- retransmitido en directo por la
WDR (televisión alemana), en La Mar de Músicas (Cartagena),
en Mundo Latino Benicasim y en Para Vigo me voy.
Las nuevas canciones aguantaron el tirón, en especial La jelenguera
de Rudens. El público la bailaba siempre, aunque no entendieran
de qué iba la letra. También causó impacto ¡Echale
tierra y tápalo! la guaracha de Ñico Saquito que no podía
faltar.
La gira sirvió además para consolidar la nueva formación
del Septeto Santiaguero. El trompetista José Alberto Rodríguez,
se había quedado enamorado de España al terminar la gira
del 99. Así que nuevo cantante y nuevo trompeta. Reynaldo Caballero
que había sido probado en Galapagar en septiembre del 99, se
consagró en Alemania como un consumado bolerista;no se pierdan
las versiones que hace de Feliz viaje y Sueña guajira- y eso
que no venía de la música tradicional. Miguel Jiménez,
el más joven del grupo, trompetista muy interesado en el jazz
aporta un toque muy cálido y más moderno, que viene al
pelo para esa renovación en que está inmerso el grupo.
Además Rudens Matos, interpretando sus propias composiciones,
adquiere carta de naturaleza como cantante solista, lo que aporta una
nueva dimensión al Septeto Santiaguero.
Antes de regresar a Cuba dejaron grabado en Axis su tercer CD, La chismosa,
con La jelenguera como canción bandera. En los primeros días
del año 2001, un equipo de cinco personas se trasladó
desde España a Santiago de Cuba, para grabar allí, en
su salsa, el video clip de las jelengueras, en el que Rudens asume el
papel estelar. Ha sido una apuesta muy fuerte de Nubenegra, queriendo
dar una imagen menos sofisticada que la que habitualmente nos llega
desde Cuba, con personajes de carne y hueso.
Bajo la dirección de Fernando Dewar, en todos estos años,
el Septeto Santiaguero no ha hecho más que madurar y mantenerse
firme en su vocación sonera. Hoy por hoy, es la mejor formación
que se puede escuchar en la Casa de la Trova de Santiago de Cuba. Si
no lo encontramos allí debemos buscarlo muy cerca, en Casa Granda,
dando al parque Céspedes, el otro lugar donde habitualmente se
presenta. Cuando las circunstancias lo permiten, los siete acuden a
Cienfuegos para participar en el Festival del Son o se escapan a La
Habana, donde siempre son bien recibidos. Allí se celebra en
mayo un festival en el que participan numerosos septetos de toda la
isla. No es un festival competitivo, sin embargo hay unanimidad en que
oficiosamente el Santiaguero es el mejor septeto en activo en Cuba.
La sólida reputación que el Septeto Santiaguero ha ido
forjándose en la isla no hace sino crecer.